• martes , 18 junio 2019

TRABAJADORES SOCIALES. ¿QUÉ SON?

El tercer martes de marzo se celebra el día internacional del Trabajo Social. ¿Pero qué es y qué hace un trabajador social, o más a menudo una trabajadora social?

Las personas ajenas a la profesión aún no están familiarizadas con el término. ¿Un graduado social? ¿un “asistente social” o “una asistenta social…”? Enseguida nos viene a la mente una imagen de película americana; una institutriz agria, rígida y censuradora con traje de chaqueta que somete a un severo escrutinio a padres en apuros con la amenaza de “llevarse a los niños”. Es un lastre, un tópico con el que cargaremos generaciones de profesionales, empobreciendo a los ojos de los demás la riqueza de nuestra profesión, y lo que es peor, cercenando la confianza de las personas con las que tenemos que trabajar.El término Asistente Social (que no “asistenta”) se transformó definitivamente en 1981, cuando se incorporan a la universidad estos estudios como Escuelas Universitarias de Trabajo Social. Se pretendía huir de connotaciones asistencialistas, del trato paternalista y condescendiente a la persona en dificultad social, reconociéndola como protagonista libre de su propio destino, con el asesoramiento y el apoyo especializado de un trabajador social si así lo deseaba.

Aún antes, o actualmente en otras culturas, encontramos “visitadoras sociales” “damas de la caridad”, y toda una serie de figuras nacidas del ánimo de administrar limosna, ejercer la beneficencia y ayudar al desfavorecido, a veces desgraciadamente desde principios de superioridad moral o social, e invariablemente con un componente de género que nos persigue, porque todavía somos las mujeres de quienes se espera las funciones de cuidado, protección, y atención a las emociones y la incapacidad de los otros seres humanos… ¡Pero qué diantres! También los cirujanos y los dentistas tienen su origen en los barberos itinerantes de la edad media, los médicos en curanderos y chamanes, y los farmacéuticos en brujas y hechiceros… (y a estos los quemaban).

Al igual que otras profesiones, la evolución histórica ha hecho transformarse y especializarse esta actividad humana, hoy compleja y exigente, pero es cierto que el desconocimiento general sigue simplificando y minimizando la función que tiene para la sociedad el trabajo social.

La atención a las dificultades personales y sociales a menudo es intangible, privada, oculta por el pudor, los sentimientos de culpa, y por el necesario secreto profesional. Los pequeños y grandes dramas individuales no suelen tener una visibilidad social, pública y colectiva… y es que tenemos la necesidad humana de distanciarnos de los problemas, creernos libres de las graves complicaciones de otros, de la pobreza, del estigma, del rechazo, de la falta de oportunidades, de la falta de fe en uno mismo y la desesperanza. Necesitamos pensar que “solo le pasa a otros”, incluso “que se lo habrá buscado”, mirar para otro lado, disfrutar de nuestro privilegio sin sentirnos culpables y huir de cuestionarnos a nosotros mismos. Esto nos da seguridad y confianza, nos aleja de nuestros miedos y nos aporta la falsa sensación de que nuestro camino es inamovible, de que nunca nos va a pasar a nosotros, y de que la vida siempre nos va a brindar las mismas cartas.

Hemos dado en volcar en las redes sociales la parte exitosa y feliz de nuestra realidad, subiendo fotos de sonrisas, celebraciones, vacaciones, afectos… pero nunca nuestras miserias, nunca nuestros sufrimientos o nuestras zonas grises. Y así vamos construyendo una imagen incompleta y falsa, y arrastramos en soledad la parte oculta de “lo otro” que, en mayor o menor grado, a todos y todas nos ocurre en nuestras vidas. Porque hay una parte de la existencia que siendo difícil es NORMAL, que nos hace reales, humanos y liberadoramente humildes, y que nos ayuda a apreciar las bondades de la vida cuando nos vienen. Esto es: las dificultades, los conflictos, y los problemas.

Como a la enfermedad la medicina, el trabajo social se posiciona ante las dificultades humanas compaginando técnica, conocimiento científico, recursos públicos y prestaciones, con el vínculo y la relación de ayuda. No se trata sólo de tramitar ayudas o servicios, porque para ello no son precisos conocimientos especiales. La profesión nos obliga a compaginar la cercanía, y la empatía con procedimientos administrativos, requisitos, registros, normas de aplicación, etc. Y es imprescindible mantener esa sensibilidad al tiempo que la capacidad de análisis y de gestión, porque el profesional en sí mismo es el primer instrumento de ayuda. Se trata de “comprender” la situación de la persona, el entorno que la condiciona, ayudarle a identificar sus necesidades materiales y humanas y las circunstancias que las causan, y apoyarle en la puesta en marcha de los recursos personales y del entorno que puedan dar un cambio a su situación.

Empieza a hablarse y a reconocerse el riesgo psicosocial implícito en el ejercicio de las profesiones de atención directa porque estamos sometidos constantemente al desgaste emocional de la proximidad con el sufrimiento, el reto de tener que hacer siempre más, siempre mejor, a menudo con la incomprensión o incluso la ira de personas demasiado dañadas.

Y sumamos aquí y queremos reconocer a otros profesionales que complementan nuestra actuación, con los que formamos equipo y entre los que nos contagiamos del espíritu de la profesión y se citan en femenino por reconocer –de nuevo- el peso de la realidad: psicólogas, abogadas, educadoras sociales, personal sanitario y docente, incluso recepcionistas y administrativos, realizado “trabajo social” ampliamente entendido desde otras profesiones.

El trabajo social requiere ejercicios de reflexión y análisis profundos, no sólo de la situación particular de quien estemos atendiendo, sino de las circunstancias sociales que la condicionan. En una sociedad cambiante, hemos de anticipar y comprender las consecuencias humanas de fenómenos colectivos como las migraciones siempre fluctuantes el envejecimiento de la población, el cambio de los patrones familiares, el cambio del rol y expectativas vitales de la mujer, las crisis económicas y las transformaciones económicas y laborales, la reciente precariedad e inseguridad laboral, el encarecimiento de la vivienda, el riesgo inminente de emergencias habitacionales, el incremento de las enfermedades mentales, la influencia en nuestros menores de las nuevas tecnologías, las adicciones, el bullying, etc.

Y es un reto el atender a las personas por una parte con los recursos disponibles, y por otra hacer ver y convencer a los responsables públicos de la necesidad de anticipación, de inversión, de creación de recursos y de planes estratégicos.

En definitiva, el Trabajo social es un oficio duro, complejo, exigente e implacable, incomprendido por muchos, pero hermoso y apasionante. Ojalá seamos capaces de transmitir a nuestros usuarios reales y potenciales, a nuestros responsables públicos, y al conjunto de la sociedad, la riqueza y la tremenda importancia de esta profesión.

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